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Susurros del alma

Que el respeto por nosotros mismos nos guíe

Joos, 2 de agosto de 2018


Una niña soñadora

Era una niña soñadora, absorta en su juego y en sí misma.
La gente la amaba por su aspecto celeste y por su cabello rubio rizado.
Podía jugar durante horas.

Cuando se volvió adulta llegó a sentirse insegura, a no sentirse bienvenida y a pensar que no pertenecía.
Con la adultez había perdido su forma natural de ser.
La adquisición del juicio mental sustituyó a la inocencia de la niña y la responsabilidad por el bienestar de sus seres queridos había empañado su vivacidad.
Llegó a ser muy sensible hacia los juicios y a las necesidades de los demás.
Su corazon maduró.

Ahora que es anciana, a menudo se siente abrumada por las exigencias de la vida.
Su anhelo de quietud, de sólo ser, parece ser contrario a lo que la vida le pide.
A través de las grietas de su ser las necesidades de su alma empiezan a brillar.
La presencia de su alma en su vida de todos los días le trae la confianza de ser capaz de lidiar con las demandas existenciales, pase lo que pase.

Joos, 24 de junio de 2018